AMO LOS LIBROS

saint-antoni

Texto por Andrés Castro

Amo los libros, por eso siento un afecto personal y muy especial por el histórico mercadillo dominical del libro de lance del no menos histórico Mercado de San Antonio. Acudí por primera vez a este entrañable mercadillo mañanero del libro de la mano de mi padre allá por la que empieza a ser la lejana década de los 60 cuando tan solo era un renacuajo que precozmente sentía un peregrino deleite ante la visión y aroma de los montones de libros añejos y no tan añejos que los puestos presentaban.

Luego, al ir creciendo, mi relación con el mercadillo nunca se ha cortado pues confieso que experimento una atracción arrebatadora por el mismo, no únicamente como comprador de libros sino también como amante del ambiente hospitalario y afable que cada mañana de domingo allí secrea en una afinidad y complicidad entre visitantes, compradores y vendedores, algunos de los cuales nos conocemos de años.

Sí, el mercadillo dominical posee un algo singular, un algo mágico, la magia del libro como útil de lectura y objeto de belleza, la magia de rastrear entre las montañas de publicaciones eso que buscas,que ya no se encuentra, que tal vez esté descatalogado, la magia de descubrir ediciones cargadas deaños, preciosas a los ojos de los que apreciamos el libro arcaico.

Por eso, como miles de barcelonenses y no barcelonenses que visitan nuestra interesante y hermosa ciudad y aprovechan para solazarse dando una vuelta entorno al libro de ocasión, todos adictos a las letras y al mercadillo dominical de San Antonio, deploro no sólo que desubiquen su emplazamiento tradicional alrededor del mercado, ya historia registrada de esta ciudad, sino que además pretendan fraccionar las paradas desperdigándolas por distintos emplazamientos de la ronda como se desperdiga a las palomas con una sonora palmada.

Lamento que lo secular, aquello que confiere una pátina de historia, la exclusiva, inherente e intransferible historia de Barcelona, se condene a la desaparición en aras de intereses económicos y estéticas arquitectónicas que poco a poco modernizan la urbe, de acuerdo, pero a la vez difuminan lo tradicional, lo que con  lleva pretérita marca y vetusta identidad, en definitiva, lo que hace de Barcelona que sea Barcelona, la de siempre, histórica como este mercadillo del libro y el recorrido a la esfera del mercado con la totalidad de sus paradas a derecha e izquierda que nos negamos perder tal y como lo conocemos desde donde nos alcanza la memoria; tradición cultural irreemplazable que no debería perderse.

Apoyo, aliento y me uno a las voces de justo reclamo de los vendedores, algunos ya llevando largas décadas en sus paradas, y que luchan para que el Ayuntamiento haga un acto de “histórica” buena voluntad y no nos arranque un pedazo más de historia propia desbandándonos el mercadillo que tantísimo amamos los que a los libros amamos.

Apelamos al buen sentido de los cargos correspondientes para que frenen esta vulneración de lo histórico y tradicional y se nos conceda disfrutar de nuevo de nuestra añorada vuelta circular entorno al mercado de San Antonio las mañanas dominicales del mercadillo del libro, aunque sólo sea por respeto a la tradición cultural. En mi nombre y creo que en el de todo aquel y aquella que nos sentimos ligados y parte integrante del mercadillo lanzo esta exhortación a quienes ostenten la autoridad y potestad debidas para solventar esta cuestión.

 

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